23 MAR, 2026

Un café con Martín Gómez Platero desde el Piso 40 del World Trade Center

Martín Gómez Platero repasa el origen del Estudio, su mirada sobre la ciudad y las claves para proyectar arquitectura con impacto humano, urbano y colectivo.

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En esta conversación en el ciclo “Un café con” que convoca a distintos líderes empresariales, referentes y personas de interés al Piso 40 del WTC, Martín Gómez Platero recorre su vínculo temprano con la arquitectura, influido por la experiencia de acompañar a su padre en obra, y repasa el nacimiento de Gómez Platero Arquitectura y Urbanismo en 2002, en un contexto desafiante para Uruguay y la región.  


“Tener una vocación clara de entrada es tener un poco de suerte”, señala, al evocar una convicción que lo acompaña desde la infancia. 


A partir de ese recorrido personal, la conversación se abre hacia una definición más amplia de la práctica arquitectónica: una disciplina que no se agota en el diseño ni en la autoría individual, sino que se construye desde el trabajo compartido, la escucha y la articulación de capacidades diversas. En ese sentido, expresa su convencimiento de que “La arquitectura es una disciplina colectiva por excelencia”. Esa mirada no solo explica el crecimiento del Estudio en Latinoamérica y el mundo, sino también una forma de entender el liderazgo, donde la visión convive con equipos sólidos y complementarios. 


Hacer mejor ciudad 

La entrevista también pone el foco en la ciudad y en el rol que los proyectos deben asumir dentro de ella. Más que objetos aislados, los edificios aparecen como piezas capaces de activar relaciones, fortalecer comunidad y mejorar la experiencia urbana. Desde esa perspectiva, asegura que un buen proyecto no se mide solo por sus metros cuadrados, sino por las personas que lo habitan, lo recorren y lo hacen parte de su vida cotidiana. En esa línea, Martín subraya la importancia del espacio público, la vida colectiva y la mezcla de programas para construir entornos más activos, integrados y sostenibles en el tiempo. “Si gana sólo el desarrollador y no gana la ciudad, es un mal proyecto”, asegura reafirmando la responsabilidad de la arquitectura contemporánea: generar valor para quien impulsa el proyecto, pero también para el entorno que lo recibe.