Diseñar para la permanencia: cuando la lógica del habitar llega a nuevos programas  - Featured image Diseñar para la permanencia: cuando la lógica del habitar llega a nuevos programas  - Featured image

En un contexto donde trabajar, comprar, reservar una habitación o acceder a servicios puede hacerse desde una pantalla, los espacios físicos enfrentan un nuevo desafío: ofrecer algo que la virtualidad no puede replicar.

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Todos hemos experimentado la sensación de entrar a un lugar por primera vez y sentirnos cómodos casi de inmediato. Permanecer más tiempo del previsto. Volver varias veces e incluso recomendarlo. Curiosamente, muchos de esos lugares no son necesariamente nuestros hogares. Pueden ser oficinas, hoteles, tiendas, clínicas o incluso salas de espera. ¿Qué tienen en común? La capacidad de generar comodidad, confianza y una sensación de pertenencia difícil de explicar, pero fácil de reconocer.


Cada vez más proyectos responden a esta demanda incorporando atributos históricamente asociados al habitar —confort, escala humana, flexibilidad, diversidad de ambientes y atención por los detalles— en programas comerciales y colectivos.


La pregunta ya no es únicamente cómo atraer personas. La pregunta es cómo lograr que quieran quedarse.


Por qué la experiencia se volvió un factor de competitividad

La creciente digitalización de la vida cotidiana ha transformado la relación de las personas con el espacio. Las fronteras entre trabajar, comprar, descansar, aprender o socializar son cada vez más difusas.


Como consecuencia, oficinas, hoteles, clínicas y tiendas ya no compiten únicamente por funcionalidad o eficiencia. Compiten por experiencia.


La pregunta es tan simple como desafiante: si una actividad puede realizarse desde cualquier lugar, ¿qué hace que un espacio físico siga siendo relevante?


La respuesta parece encontrarse en una cualidad que durante años fue difícil de medir, pero que hoy adquiere un valor estratégico: la capacidad de generar bienestar y permanencia.


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La arquitectura emocional: espacios que cuidan

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Bienestar y permanencia: las nuevas métricas del espacio

Detrás de esta transformación también existe una creciente comprensión sobre el impacto que tienen los espacios en la salud y el comportamiento humano.


Durante años, variables como la calidad del aire, el confort acústico, el acceso a luz natural o las condiciones térmicas fueron consideradas aspectos técnicos. Hoy se entienden como factores que influyen directamente en el estrés, la concentración, la satisfacción e incluso el desempeño de las personas.


Según el World Green Building Council, existe evidencia significativa de que el diseño de los espacios puede impactar positivamente en la salud, el bienestar y la productividad de sus usuarios.


El espacio dejó de ser un mero contenedor de actividades para convertirse en una herramienta capaz de influir en la experiencia cotidiana.


Por eso, cada vez más proyectos incorporan iluminación natural, vistas al exterior, materiales con texturas y cualidades táctiles, ventilación adecuada, vegetación y espacios que permiten diferentes formas de habitar un mismo entorno.


Más que una tendencia de diseño, se trata de reconocer una necesidad humana fundamental: la búsqueda de entornos que nos hagan sentir mejor.


Oficinas: diseñar razones para volver

Pocas tipologías reflejan mejor esta transformación que las oficinas.


Durante décadas, la presencia física fue una condición inherente al trabajo. Hoy ya no lo es. Según el informe Work Trend Index de Microsoft, el 73% de los trabajadores del conocimiento desea mantener modalidades laborales flexibles.


En este escenario, el espacio de trabajo necesita ofrecer algo más que infraestructura.


¿Por qué trasladarse a una oficina si muchas tareas pueden realizarse desde casa?


La respuesta suele encontrarse en aquello que resulta difícil de digitalizar: la cultura organizacional, el aprendizaje informal, la creatividad colectiva, la colaboración espontánea y el sentido de pertenencia.


Por eso, las oficinas evolucionan hacia ecosistemas que integran espacios colaborativos, áreas de concentración, lounges, cafeterías, terrazas, cabinas acústicas y ambientes capaces de responder a distintas dinámicas de trabajo.


La arquitectura deja de ser únicamente soporte para convertirse en una herramienta de atracción y retención de talento.


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Retail: cuando permanecer genera valor

El comercio minorista atraviesa una transformación similar.


Según proyecciones de Forrester difundidas por MIT Sloan Management Review, cerca del 80% de las ventas minoristas globales continuarán realizándose en tiendas físicas durante 2025. La razón es sencilla: comprar no siempre es una transacción. Muchas veces es una experiencia.


La encuesta Experience Matters 2024 de JLL indica que el 67% de los consumidores prefiere comprar presencialmente antes que hacerlo online, mientras que el 65% está dispuesto a pagar más por experiencias de mayor calidad.


En este contexto, la tienda deja de funcionar exclusivamente como punto de venta para transformarse en un lugar de exploración, descubrimiento e interacción.


La permanencia se convierte entonces en un indicador tan relevante como la compra. Cuanto más significativa sea la experiencia, mayor será la probabilidad de construir una relación duradera entre las personas, las marcas y los lugares.


Esta evolución también puede observarse en desarrollos de uso mixto donde comercio, vivienda, servicios y espacio público dejan de funcionar como programas independientes para construir ecosistemas urbanos más activos.


Nuevocentro, en Montevideo, es un ejemplo de esta lógica. El proyecto transformó un antiguo predio industrial en un polo comercial y residencial capaz de multiplicar los motivos de visita, extender los tiempos de permanencia y fortalecer la relación entre programa, barrio y ciudad.


A escala internacional, las Apple Stores llevaron esta lógica un paso más allá. Sus espacios fueron concebidos para fomentar la exploración, el aprendizaje y la interacción con la marca, incluso cuando no existe una intención inmediata de compra. Allí, la experiencia se convierte en parte del producto.


Salud y hospitalidad: espacios que acompañan

El diseño centrado en la experiencia también adquiere una relevancia creciente en los espacios de salud.


A diferencia de otros programas, hospitales, clínicas y centros médicos reciben a personas que muchas veces atraviesan momentos de incertidumbre, fragilidad o estrés emocional. En estos casos, la experiencia espacial deja de ser un aspecto complementario para convertirse en una dimensión esencial del cuidado.


Por eso, cada vez más proyectos incorporan luz natural, vistas al exterior, materiales cálidos, recorridos intuitivos, áreas de espera más humanas, espacios para acompañantes y una presencia más significativa de la naturaleza.


La pregunta ya no es cómo hacer que un hospital se parezca a una casa, sino cómo diseñar espacios capaces de transmitir calma, confianza y contención cuando las personas más lo necesitan.


El Hospital Ángeles Chihuahua permite observar esta mirada aplicada a un programa de alta complejidad. Más allá de la eficiencia funcional, el desafío consiste en proyectar un entorno capaz de acompañar a pacientes, acompañantes y equipos médicos en situaciones de especial sensibilidad.


Diseñar espacios donde las personas quieran quedarse

Lo que estamos observando no es únicamente una evolución del diseño. Es una transformación más profunda en la relación entre las personas y los espacios físicos.


Durante décadas, oficinas, hoteles, clínicas y tiendas fueron concebidos principalmente como infraestructuras para trabajar, vender, alojar o atender. Hoy se les exige algo más: construir experiencias capaces de justificar la presencia.


En una economía cada vez más digital, la pregunta ya no es qué actividades puede albergar un espacio, sino qué experiencias puede ofrecer que no puedan replicarse detrás de una pantalla.


Los proyectos más exitosos ya no se distinguen únicamente por su eficiencia o por la calidad de sus programas. Se distinguen por su capacidad de generar conexión, bienestar y deseo de permanencia.


En un contexto donde la atención es cada vez más escasa y la virtualidad resuelve una cantidad creciente de actividades, diseñar espacios donde las personas quieran quedarse deja de ser una cuestión estética para convertirse en una ventaja competitiva.