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Programa:
Hotelero
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Estado:
Anteproyecto
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Superficie:
1 712 m²
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Ubicado en el Valle de Guadalupe, Ensenada, Baja California, México, este anteproyecto se inserta en una matriz productiva de viñedos y recorridos ecoturísticos. Su implantación acompaña el paisaje con una imagen sobria y de escala rural, diseñando una experiencia de hospitalidad y encuentros con una atmósfera cuidada.
En el corazón del Valle de Guadalupe, el proyecto propone una arquitectura pensada para el enoturismo premium y los encuentros privados. El predio se integra a un paisaje agrícola, con cercanía a bodegas y puntos de interés del valle, y busca consolidarse como un punto de encuentro memorable para visitantes nacionales y extranjeros.
La implantación organiza dos piezas complementarias: un bloque que funciona como salón de eventos y clubhouse y un bloque hotelero de cabañas premium.
El Clubhouse opera como el “corazón” del desarrollo: recibe, ordena la llegada, concentra servicios y se abre al paisaje mediante una arquitectura liviana y transparente. Su volumetría se plantea baja y horizontal, con control solar y una relación directa con el exterior.
Este componente también oficia de recinto de eventos, concebido como un volumen icónico que integra salón principal, salón de vino, entrepiso, servicios y subsuelo, complementado por una gran área exterior que extiende la capacidad hacia el paisaje y se convierte en el “gran salón” del valle.
El hospedaje se resuelve mediante un conjunto de 6 cabinas, unidades compactas de 48,5 m² cada una, que integran interior, terraza y acceso, implantadas entre las hileras para capturar el viñedo y la montaña como una experiencia privada.
La triangularidad del proyecto se incorpora como un gesto de lectura territorial: las cabinas adoptan una geometría triangular que dialoga con la traza y las configuraciones anguladas que generan las plantaciones de viñedos en su lógica productiva y de recorridos. A la vez, esta forma sintetiza una tríada que estructura la experiencia del conjunto —naturaleza, arquitectura y personas—, entendidas como sistema: el paisaje como soporte, la pieza construida como mediación y el habitar como activador del enoturismo y el esparcimiento, consolidando una implantación de bajo impacto y coherente con el entorno.
Esta combinación de infraestructuras permite alojar a un grupo selecto y, al mismo tiempo, activar el predio mediante eventos. El edificio principal funciona como pieza de reunión y apoyo, consolidando un centro de actividad sin perder la escala rural.
La implantación propone una lectura simple del lugar: las cabañas se dispersan entre las hileras de cultivo para privilegiar vistas y privacidad. El masterplan define accesos diferenciados (principal, privado y de servicio) y un esquema de flujos peatonales y vehiculares que permite operar eventos sin invadir la privacidad del hospedaje.
Entre las ideas fuerza del anteproyecto destacan la integración al paisaje y la construcción de una experiencia de enoturismo premium. Los lineamientos refuerzan una imagen sobria: cierres permeables, carácter rural, cuidado de la vegetación nativa y control de iluminación exterior. La propuesta incorpora criterios de bajo impacto para mantener la calidad ambiental del valle: se controla la iluminación para proteger la noche y evitar efectos innecesarios en el paisaje, y se prioriza una lectura abierta del terreno.
Así, Valle de Guadalupe equilibra uso privado, vínculo con el entorno y una operación flexible por etapas. En conjunto, estas decisiones consolidan una arquitectura discreta y coherente con su contexto.