Quiénes somos: Anteproyecto
El área de Anteproyecto resulta fundamental para definir el carácter de cada proyecto desde sus primeras etapas. Su labor se centra en definir la visión conceptual del proyecto y, a partir de ella, desarrollar propuestas sólidas, alineadas con las necesidades del cliente y del entorno. A través de un enfoque integrado, acompaña al cliente desde la conceptualización, en un proceso que vincula y alinea el proyecto con las personas y la ciudad.
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El área de Anteproyecto de Gómez Platero cumple un rol fundamental en las primeras etapas del proceso arquitectónico, donde se define el carácter y la visión conceptual de cada proyecto. Su labor se centra en transformar ideas, necesidades y contextos en propuestas sólidas, capaces de dar respuesta a los desafíos específicos de cada encargo.
A través de un enfoque colaborativo y multidisciplinario, el área acompaña al cliente desde la conceptualización, desarrollando soluciones alineadas con sus objetivos, con las condiciones del entorno y con una mirada urbana integral, que vincula el proyecto con las personas y la ciudad.
Una práctica en tres dimensiones
La práctica del área de Anteproyecto se apoya en tres dimensiones fundamentales: el cliente, la disciplina y el equipo.
Comprender en profundidad los requerimientos del cliente es el punto de partida de todo proceso. Esto implica una escucha activa y una actitud abierta para captar las múltiples capas que subyacen a cada encargo —físicas, emocionales, culturales, tecnológicas y ambientales—.
«El cliente es el punto de partida de cualquier operación de diseño. No hay propuesta arquitectónica sin cliente», explica Arturo De los Santos, Gerente de Anteproyecto.
La segunda dimensión clave es la práctica virtuosa de la disciplina. El Estudio entiende que la arquitectura se produce en un mundo cada vez más integrado, donde las referencias son globales y la actualización constante resulta imprescindible. Por eso, se pone especial énfasis en el aprendizaje continuo y en la incorporación tanto de conocimientos tradicionales como de tendencias contemporáneas, con el objetivo de alcanzar la excelencia profesional.
La tercera dimensión es el equipo, que da estabilidad y sentido a todo el proceso. Las decisiones y los resultados son siempre el fruto del trabajo colectivo. Mantener un equipo motivado, consolidado y en permanente formación es tan relevante como la relación con el cliente o la actualización disciplinar. La articulación de estas tres dimensiones permite construir valor en cada proyecto y generar un ciclo virtuoso de aprendizaje y transferencia de conocimiento dentro del Estudio.
Del análisis a la propuesta
El desarrollo de un anteproyecto comienza con una fase previa de investigación y análisis. En esta instancia se realiza un relevamiento exhaustivo del sitio, se estudian las normativas aplicables y se definen los objetivos del proyecto en conjunto con el cliente.
A partir de esta base, se inicia la fase de anteproyecto propiamente dicha, donde se elaboran los primeros esquemas espaciales y volumétricos. El equipo explora distintas alternativas de diseño mediante bocetos, diagramas y modelos tridimensionales, evaluando escenarios posibles y criterios de implantación.
En el contexto actual, marcado por dinámicas de negocio cada vez más exigentes y plazos acotados, el desarrollo del anteproyecto no siempre se da de manera lineal. En muchos casos, las definiciones propias de esta etapa comienzan a solaparse con instancias posteriores del proceso, requiriendo que distintos equipos trabajen de forma simultánea y coordinada. Esta condición refuerza la importancia del trabajo colaborativo y del diálogo permanente con las áreas que continúan y profundizan el desarrollo del proyecto, para asegurar coherencia, consistencia y viabilidad en cada decisión. Se trata de un proceso altamente iterativo, que incluye la presentación de propuestas preliminares y la incorporación de ajustes a partir de la retroalimentación del cliente. Uno de los principales desafíos del área es equilibrar creatividad y viabilidad técnica, en contextos donde los plazos suelen ser ajustados y requieren una gran capacidad de síntesis y toma de decisiones ágil.
Estructura que evoluciona
El equipo de Anteproyecto se organiza bajo una estructura colaborativa, integrada por profesionales con roles específicos que se articulan según la naturaleza de cada encargo.
Cada nuevo proyecto comienza con la conformación de un equipo ad hoc, seleccionado en función del desafío y del conocimiento requerido. «Armamos primero el equipo y después, entre todos, llevamos adelante el proceso de diseño para preparar los entregables que se presentan al cliente», señala De los Santos.
La dinámica del Estudio implica procesos de corta duración, lo que genera un movimiento constante de los integrantes, que se reagrupan de manera flexible según el tipo de proyecto o cliente. Con el tiempo, se han consolidado dos grandes unidades: una orientada a proyectos arquitectónicos y otra a proyectos urbanos, capitalizando la especialización y favoreciendo la integración de nuevos miembros en un entorno de aprendizaje continuo.
El trabajo del equipo de diseño se apoya en el área de visualización arquitectónica, también parte del equipo de anteproyecto, especializada en la producción de documentación y piezas gráficas que facilitan la comprensión integral del proyecto. Dibujos, plantas, infografías, renders, animaciones, recorridos virtuales o realidad aumentada se utilizan estratégicamente según el perfil y las necesidades del cliente.
«El Estudio es como un aeropuerto: aterrizan proyectos sistemáticamente y, a partir de ellos, se generan viajes extraordinarios», expresa De los Santos. El proyecto es un punto de encuentro que debe ser contado y representado con claridad. La representación gráfica resulta clave para comunicar el sentido del proyecto y alinear a todos los actores involucrados.
Dentro del área de Anteproyecto, también, el equipo de Comunicación Visual colabora en la construcción de narrativas, preparación de reuniones y en el desarrollo de presentaciones que potencian la experiencia del cliente y refuerzan el mensaje del proyecto.
Aprender para crecer
El aprendizaje colectivo es un eje central del área. El diseño no surge de manera aislada, sino como resultado de personas que analizan, reaccionan y catalizan situaciones específicas. La trayectoria del equipo se ha construido a lo largo del tiempo, incorporando nuevos talentos, miradas y programas.
Compartir experiencias, debatir proyectos, cuestionar decisiones y explorar metodologías forma parte del trabajo cotidiano. «La consistencia es clave para tomar decisiones; muchos clientes toman decisiones de gran envergadura en función de la información que les brindamos», afirma De los Santos. En este sentido, la seriedad, el profesionalismo y la claridad comunicacional son fundamentales.
La experimentación y el análisis, muchas veces a través de los propios proyectos, se consideran la principal vía de aprendizaje. «Procuramos conectar territorios más que imponer soluciones, y capitalizar las lecciones aprendidas. Nos gusta enfrentarnos a temas desconocidos», agrega.
Más allá de resolver un programa, el área de Anteproyecto asume una responsabilidad ampliada: contribuir a la construcción de un hábitat mejor y a la mejora de los entornos urbanos. El valor de un buen proyecto trasciende los límites del predio y se proyecta sobre la ciudad, buscando siempre soluciones singulares, eficaces y contextualizadas.