El rol del propósito común en el diseño de equipos de alto rendimiento El rol del propósito común en el diseño de equipos de alto rendimiento

Por Cecilia Igorra. Gerente de Gestión del Talento. 

Coach Ejecutivo y Organizacional. Técnica en Administración de Empresas en la Universidad de la República, Postgraduada en Dirección de Recursos Humanos en la Universidad de la Empresa. Posgraduada en Gestión Humana en la Universidad de Belgrano.  

En la era de la disrupción, el éxito corporativo se basa en valores sólidos y un liderazgo efectivo. Asumir una primera posición de gestión nunca es fácil, y encontrar el equilibrio entre manejar tareas cotidianas, conocer a las personas y adaptarse a nuevas formas de trabajo representa un desafío constante. El modo en que abordemos este proceso determinará el éxito o fracaso de nuestra gestión. En cualquier caso, la clave siempre reside en comprender y estructurar adecuadamente el equipo de trabajo. Hoy en día, los equipos de alto rendimiento son cruciales para el éxito empresarial debido a su habilidad para fomentar la innovación, la productividad y la eficiencia. Entendemos a estos equipos como grupos de trabajo multidisciplinarios y colaborativos que, mediante una cultura de innovación, adaptabilidad y liderazgo compartido, alcanzan y superan objetivos estratégicos, impulsando el crecimiento y la sostenibilidad organizacional. 

Pero ¿qué hace que algunos equipos logren una performance de alto rendimiento?, ¿qué los hace diferentes? ¿Cómo se construyen? 

En su libro "Algo+grande", Gonzalo Noya sostiene que los equipos de alto desempeño pueden construirse y ajustarse a partir de un equipo existente, similar a cómo se afinan las cuerdas de una guitarra para mejorar su sonido.  

Utilizando esta metáfora, Noya desarrolla un modelo para la construcción de equipos que contempla seis "clavijas" a ajustar para conformar un equipo exitoso. El modelo divide un conjunto de 6 cuerdas en dos grupos de tres: el derecho, emocional, y el izquierdo, racional. (ver Fig.1). 

En el cuadrante racional izquierdo encontramos tres elementos clave: un gran desafío, personas competentes y complementarias, y reglas claras de funcionamiento para impulsar el equipo. Del otro lado, el segundo grupo de cuerdas integra un propósito común, valores compartidos y confianza. Los miembros de un equipo deben colaborar estrechamente para alcanzar la armonía y el éxito, pues, aunque cada cuerda puede emitir sonidos de manera individual, es la afinación y coordinación conjunta la que crea una música hermosa y compleja. 

Unión y Propósito: el ingrediente clave de los Equipos efectivos. 

Las investigaciones muestran que un propósito común es crucial para unir y motivar a los miembros de equipos de alto rendimiento. Al alinear esfuerzos individuales y promover un compromiso intenso, se crea un ambiente donde cada integrante no solo comprende, sino que comparte los objetivos del grupo. Esta conexión emocional y profesional transforma retos individuales en éxitos colectivos y facilita la superación de obstáculos y la innovación. Un propósito compartido cataliza el rendimiento y es distintivo en equipos competitivos. Es esencial que cada miembro entienda cómo sus habilidades y responsabilidades contribuyen al éxito del grupo. Para cultivar esta comprensión y fomentar un rendimiento excepcional, es clave establecer canales claros de comunicación y colaboración, permitiendo que cada integrante conozca las especializaciones de sus compañeros y cómo interactuar eficazmente. Este entendimiento mutuo es la base de los equipos de alto rendimiento, asegurando que cada acción refuerce la misión colectiva. 

Un propósito compartido no solo une a un equipo: integrado en la cultura corporativa, se convierte en el cimiento del crecimiento empresarial. Es el caso de Patagonia, la reconocida marca de ropa outdoor, que en el verano de 2015 se embarcó en una ambiciosa reforma de su gestión de rendimiento laboral, orientándose hacia una cultura de colaboración intensiva enfocada en los miembros de su equipo. Esta firma no solo se destaca por su compromiso con la sostenibilidad y la protección del medio ambiente, sino también por cómo inculca este valor en cada uno de sus empleados. En Patagonia, el equipo no solo trabaja unido por metas comerciales; su motivación trasciende a una causa más profunda: la preservación de nuestro planeta. Este objetivo se convirtió en el núcleo de su identidad corporativa, transformando cada tarea en una parte integral de una misión global, mucho más significativa que la mera comercialización de productos. 

Liderar con el ejemplo. 

A la hora de transformar la cultura corporativa de una empresa o reconfigurar la operativa interna de una organización, surge una pregunta crucial: ¿quién debe encabezar el cambio? ¿Cuáles son los desafíos que enfrenta un líder efectivo en este proceso? En el núcleo del liderazgo de equipos de alto rendimiento yace una visión clara y una dirección inspiradora que no solo guía, sino que también motiva a los miembros a alcanzar grandes metas. Un líder destacado demuestra empatía y practica la escucha activa, permitiendo que los integrantes del equipo expresen libremente sus ideas y preocupaciones.  

Un líder es esencialmente un facilitador del desarrollo continuo de su equipo, dedicado a ofrecer oportunidades de aprendizaje, resolver problemas de manera eficaz y garantizar un ambiente colaborativo. Este concepto se encarna perfectamente en la figura de Satya Nadella, quien, desde su asunción como CEO de Microsoft en 2014, transformó la compañía enfocándose en estos aspectos. Bajo su dirección, Microsoft ha adoptado un enfoque de liderazgo que delega responsabilidades de manera efectiva y promueve una cultura de confianza en las habilidades de sus colaboradores. Nadella lidera con el ejemplo, impulsando una transformación cultural hacia una filosofía de "aprenderlo todo" en vez de "saberlo todo", lo que refuerza la idea de que un verdadero líder es un catalizador del progreso y la colaboración dentro de su organización. 

En conclusión, construir equipos de alto rendimiento implica más que simplemente agrupar talentos; requiere un liderazgo visionario que inspire y guíe, fomentando una cultura de aprendizaje continuo y colaboración. Este enfoque no solo eleva el rendimiento individual y colectivo, sino que también fortalece el tejido de la organización, creando un legado duradero de innovación y compromiso compartido. El éxito sostenido depende de líderes que actúen como catalizadores, alentando a cada miembro a contribuir plenamente al propósito común. 

Lectura recomendada: 

Algo+Grande. El poder del EQUIPO para lograr lo imposible. Gonzalo Noya.